5 mitos del liderazgo que te excluyen

Existen percepciones y expectativas culturales sobre el liderazgo. En todo caso, son dañinas y previenen que entendamos en qué consiste verdaderamente y cómo se manifiesta en un líder.
Estas percepciones son especialmente nocivas en el ámbito cristiano, porque privan a las comunidades de fe de tener un impacto mayor en la sociedad.
Estos supuestos que se atribuyen al liderazgo cristiano son mitos fácilmente demostrables, pero no se espera que desaparezcan en un futuro próximo.

Tener muchos seguidores.

Este mito está sesgado hacia la cantidad de seguidores y no hacia la calidad de los mismos. Esta percepción del liderazgo proviene del “caudillismo”, muy un concepto distorsionado y en muchos casos prostituido.

Hacerlo todo.

Las cosas que se logran llevan siempre la firma del “líder”, aunque su aportación sea mínima. Este liderazgo tiene apoyo en hacer mucho ruido y producir pocas nueces. La idea es aparentar asertividad mientras se explota a los que trabajan tras bambalinas.

Generar todas las ideas.

Esta es una expectativa falaz, pero se parece a la descripción anterior, solo que, en este caso se roban las ideas de los seguidores y se presentan públicamente como si fueran propias del “líder”. Lucir bien nunca había sido tan barato.

Tener el control.

Quizás el estilo de liderazgo más castrante. Nada se puede hacer si el “líder” no lo autoriza, usualmente a regañadientes, porque la acción la realiza otro y no existe oportunidad de llevarse el crédito.

Mantenerse en la cima.

Los modernos “líderes” creen que vivirán para siempre. Muchos de los que aspiran al liderazgo también se creen eternos. Este tipo de liderazgo siempre termina en la anarquía cuando el líder fallece. Una señal temprana de este “estilo” es la ausencia de posibles sucesores.
Todo líder tiene la responsabilidad de dessarrollar nuevos líderes para asegurar la continuidad del desarrollo del Reino de Dios en la tierra.

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